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Madagascar es un país donde, lejos de su imagen de paraíso tropical, no se respetan los derechos del niño; los niños malgaches tienen que enfrentar la pobreza en su vida diaria. Este problema se ha agravado, en gran parte, debido a la crisis política que aún existe en el país y que es el resultado del golpe de Estado de 2009. Los ciudadanos son quienes sufren las consecuencias de la crisis: de acuerdo con la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), sólo en la capital, Antananarivo, se han eliminado 200 000 puestos de trabajo . El Estado ha reducido mucho los presupuestos destinados a la educación y la salud . En este contexto los niños malgaches y sus familias tienen que vivir o, mejor dicho, sobrevivir: el porcentaje de la población que vive bajo el umbral de pobreza se disparó :, pasó del 75,3% en 2010 a 81% en 2012 y alcanza en la actualidad el 92% en 2016 (9 malgaches de cada 10). Según este indicador,  

Madagascar es el país más pobre del mundo.

Este deterioro socioeconómico coloca a los niños en una situación crítica de privación y viola sus derechos fundamentales debido a la falta de acceso a la alimentación, educación y cuidados médicos.

Situación de los niños

Principales problemas que afectan a los niños en Madagascar:

Pobreza

En 2012, UNICEF calculó que el 82% de los menores de 18 años vivían bajo el umbral de pobreza: estos niños viven en la miseria extrema y no pueden cubrir sus necesidades esenciales. La pobreza destaca especialmente en las zonas rurales, donde vive cerca del 70% de la población del país, la mayoría en determinadas zonas marginales, desprovistas de infraestructuras básicas como el acceso al agua potable, saneamiento o a las escuelas . Apenas el 46% de la población tiene acceso al agua potable y el 15% a una instalación sanitaria adecuada. Estos problemas acrecientan la angustia de la población y la vulnerabilidad de las familias pobres, que no pueden ofrecer una protección óptima a sus hijos. A menudo, los derechos de éstos se desplazan a un segundo lugar frente a la necesidad de sobrevivir.

Trabajo infantil

De acuerdo con el Banco Mundial, la pobreza ha provocado que una cuarta parte de los niños malgaches de entre 5 y 17 años se vea obligada a trabajar para ayudar a sus familias. En ocasiones se trata de ayudar a los padres en el campo, aunque a menudo las familias envían a trabajar a sus hijos, especialmente a las niñas, como empleadas domésticas de familias más favorecidas y que a veces prometen escolarizarlas. El 25% de estos pequeños trabajadores llevan a cabo actividades que suponen un riesgo para su salud. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha denunciado recientemente la pobreza y la impunidad que acarrea el desarrollo de las formas modernas de esclavitud en Madagascar, principalmente en las minas o en las canteras de piedra. Los niños que trabajan en las minas están además expuestos a la violencia, la explotación sexual y las enfermedades respiratorias, todas ellas causas de muerte precoz. Otro fenómeno de igual magnitud relacionado con estas formas de esclavitud y que preocupa al Comité de los Derechos del Niño es la trata de personas, en particular de niños, desde Madagascar hacia los países vecinos y Oriente Medio para «fines de servicio doméstico y explotación sexual».

Explotación sexual

Gran parte de los trabajadores en este campo está compuesta por niñas menores de edad. Desgraciadamente, también existe un movimiento significativo de turismo sexual en Madagascar. Por otro lado, el 29 de julio de 2013, la ONU denunció la trivialización de la explotación sexual de menores en Madagascar y la impunidad de la que se benefician los explotadores. El gobierno apenas toma medidas eficaces contra este tráfico; los mismos padres y la comunidad a veces se hacen de la vista gorda, es decir, aceptan esta explotación debido a la fuente de recursos que supone, lo cual conduce al maltrato. El Comité de los Derechos del Niño [insertar enlace] lamenta la alta tasa de violencia que existe dentro de las familias y que incluye la violencia sexual, especialmente hacia las niñas, sin que sea sancionada por la justicia o por la sociedad. Cada año se registran más de mil desapariciones de niños en la capital: los niños huyen de su hogar, ya que a menudo son los miembros de su familia quienes los maltratan. Muchos de ellos se encuentran viviendo en la calle.

Derecho a la Salud

La diarrea, relacionada con la falta de higiene y el agua no potable, es una enfermedad muy frecuente. Los niños menores de cinco años son los más vulnerables, con una tasa de mortalidad de 62 por cada mil, una cifra muy significativa. La prevalencia del paludismo constituye la principal causa de mortalidad entre los niños. Hay muy pocas infraestructuras médicas en las zonas rurales de Madagascar, por lo que la mayoría de sus habitantes no tienen acceso a los cuidados básicos. El presupuesto nacional para la salud ha sido considerablemente reducido debido a la crisis política, algunos centros de salud se han cerrado y existen pocos medicamentos disponibles, sin mencionar la falta de trabajadores de la salud competentes. En el caso de los adolescentes, el problema de las infecciones de transmisión sexual (ITS) es muy grave en Madagascar, lo que resulta paradójico teniendo en cuenta que el número de personas afectadas por el sida es particularmente bajo respecto a otros países africanos. Cada año se organizan campañas de prevención a gran escala con el fin de enseñar a los jóvenes malgaches los conocimientos básicos de la protección contra las ITS.

Derecho a la alimentación

Existe otro problema grave de salud desencadenado por la crisis política: cuatro millones de malgaches sufren la inseguridad alimenticia en su día a día, problema que resienten en mayor medida los niños. De hecho, el 50% de los niños menores de cinco años sufre desnutrición endémica y crónica, especialmente en el sur del país y el 24% de ellos cuenta con menos de seis meses de edad. Estas cifras hacen que Madagascar sea el sexto país que presenta una de las mayores tasas de retraso del crecimiento en el mundo. El Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación ha hecho sonar la alarma: la situación en Madagascar corre el riesgo de empeorar debido a la crisis política, principalmente por la cancelación de los programas de ayuda internacional, como por ejemplo el Programa Mundial de Alimentos que ha suspendido su financiación de comedores escolares.

Derecho a la Educación

La baja tasa de asistencia y la alta tasa de deserción escolar, especialmente en el caso de las niñas, explica el hecho de que sólo el 66% de los niños finalice la educación primaria. El progreso llevado a cabo por el gobierno ha sido ralentizado en gran medida por la crisis política de 2009, la reducción del presupuesto destinado a educación y la escasez tanto de personal cualificado como de infraestructuras en Madagascar, sobre todo en las zonas rurales. El 14,2% de los niños jamás ha asistido al colegio. Sin embargo, estas tasas siguen siendo más positivas que las del resto de África, especialmente en lo que se refiere a la discriminación hacia las niñas en el acceso a la educación, menos frecuente en Madagascar. En algunas zonas rurales, las escuelas sólo pueden ofrecer dos o tres años de enseñanza por la falta de profesorado.

Matrimonio infantil

Casi el 40% de las niñas confiesan que se casaron antes de cumplir los 18 años. Aún hoy existen ciertas prácticas perjudiciales para los derechos de los niños relacionadas con las costumbres y la tradición como el abandono de gemelos y los matrimonios obligados . En Madagascar, el 48% de las mujeres de entre 20 y 24 años contrajo matrimonio antes de los 18 años. En 2007 se fijó en 18 años la edad mínima legal de las niñas para contraer matrimonio (antes la edad mínima era de 14 años). A pesar de esta modificación, numerosas niñas, aunque también niños, se ven obligadas a casarse, en ocasiones a partir de los diez años. Algunas chicas jóvenes se casan con hombres mucho mayores y, una vez que enviudan , se las discrimina y excluye de la sociedad. Más de un cuarto de las mujeres son madres por primera vez entre los 15 y 19 años, lo que supone un riesgo para la salud de la madre y del bebé durante el parto.

Justicia juvenil

No existen procedimientos ni jurisdicción específicos para los menores: los niños, y en particular las niñas, son encarcelados junto con los adultos. Los profesionales de la justicia, jueces y procuradores, no tienen la formación necesaria para aplicar la justicia para menores. Además, las prisiones están superpobladas y las condiciones de vida en las mismas (violencia, escasez de alimentos y cuidados) son muy difíciles para los menores, a veces de menos de 14 años de edad.

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